Todo el mundo debería usar esta canción como fondo musical de su actividad sexual al menos una vez en la vida. Especialmente si se está follando con una persona a la que se detesta. Sexo muerto, sexo en coma.
Oh, you have empty eyes
Ike & Tina Turner - I Smell Trouble
Adiós al padre de este puto invento que llamamos rock. Y además, de verdad, ya que suya es la (oficialmente) primera grabación del género: Rocket 88, junto los Kings of Rhythm (1951). Probablemente como persona dejó bastante que desear (el título de la canción aquí expuesta es profético), pero al césar lo que es del césar.
Bueno, vale, es cierto que gran parte de la culpa de estos desastres no proviene directamente de Lou Reed, pero no hay que preocuparse, porque hay patinazos suyos para parar un tren. Y por eso aquí lo queremos tanto, aunque hoy en día se parezca más a una castañera que a la estrella que sin duda es.
¿Otra sección sin sentido? Pues sí, señora, así es. En este caso dedicada a la exhibición de cortos bonitos, finos y de cosas muy intelectualosas. Además, esto tiene para mí cierto componente reivindicativo, dada la disparatada manía que le ha dado a algunos críticos por considerar que el formato del cortometraje no es cine. Otro día quizás me extienda un poco más sobre esta ¿provocadora? sandez, pero ahora toca hacer una breve semblanza del corto en cuestión, una de las obras más destacadas de los hermanitos Quay, genios rarunos donde los haya, cuya obra presenta un grado de hermetismo a prueba de plumillas advenedizos digno de elogio. Un homenaje a otro maestro de la animación (del que también colgaremos cosas), una meditación sobre la fuerza creativa (o algo así) y un viaje a la plena sensación de absurdo.
Mañana, hip hop pata negra en Barcelona. Afortunados los que vayan, aquí nos conformaremos con recordar su cameo en el superlativo concierto que Kanye West dio el año pasado en la ciudad. Precisamente, el autor de Late Registration es probablemente uno de los máximos responsables del retorno triunfal de Common con ese Be editado hace un par de temporadas, y su mano se deja notar bastante, cosa fácilmente comprobable con este vídeo. Elegancia, conciencia, sustancia y respeto por la tradición del género.
Sonará tópico, sonará snob, pero hay que decirlo: El sonido ha perdido a uno de sus cráneos privilegiados. Descanse en paz. Su obra, por el bien de todos, debería seguir inquietándonos, ya que sin ella probablemente cosas como los conciertos que acaban de dar Earth y Liars no habrían sucedido nunca. Punto final, pues, a una fascinante aventura en la música moderna (ahora es fácil saber quién ocupará la próxima portada de The Wire).
Demos la bienvenida a esta sección de periodicidad tan aleatoria como su nombre y destinada fundamentalmente a disimular la triste y evidente verdad: que, en realidad, tengo muy poco que decir.
Y la estrenamos con un jefe del rock americano reciente: Will Johnson, cabeza pensante detrás de Centro-Matic y South San Gabriel. En las tres ocasiones que he tenido ocasión de verlo (dos con Centro-Matic y una con la Undertow Orchestra, informal supergrupo compartido con luminarias de la talla de Mark Eitzel o Vic Chesnutt) he salido pensando que podría llegar perfectamente a tres cuartas partes del público potencial de los actuales Wilco pero, a saber por qué, sigue girando ante audiencias pequeñas. Esta noche actúa en Barcelona y, aunque me duela el alma, no podré ir a verlo. Pero no me quejo, ya que tengo la esperanza de que a la misma hora Lagartija Nick provoquen algún que otro incendio en el Apolo.
El vídeo corresponde a su anterior visita en solitario a la ciudad, a principios de este año.
Ayer empecé a trabajar (por segunda vez) en una gran superficie dedicada "al ocio y la cultura" que, gracias a una inteligente imagen de marca, goza de una intachable reputación en su terreno. Ofrece exposiciones, conciertos, proyecciones, debates... Incluso parece solidaria. Resulta lógico que, al lado de otra compañía de grandes almacenes de rancio abolengo, lo tenga fácil, aunque en el fondo sean lo mismo. Siempre parecerá más fiable que te venda una película un muchacho con gafas de pasta y cuatro simpáticas chapas en lugar de un trajeado y engominado individuo con aspecto de facineroso que, al preguntarle por Godard, responde que "no me suena ninguna película con ese título". Pero, insistimos, es cuestión de apariencia.
Para extraer la verdadera esencia, la catadura moral del ente, conviene ponerse guantes y rebuscar en el sitio más bajo al que puede aspirar una obra artística (y el único al que tiene acceso mi maltrecho bolsillo): la caja de los saldos. Ahí he encontrado trabajos de Ornette Coleman, Nino Rota, Marc Ribot o David Thomas (y David Thomas Broughton), entre otros, compartiendo el mismo triste destino que alguna modely fichada por Vale Music en horas bajas con la intención de versionar (ultrajar) a la pobre Kate Bush o una variada representación de músicas del tercer mundo (más o menos) con portadas dañinas de puro coloristas. El mensaje resulta tan cristalino como aterrador: El ente quiere librarse de lo diferente por todos los medios posibles. Pretende eliminar la costra de la otredad, aquello que no encaje con su estudiadísima y hermética percepción de lo que es culturalmente aceptable. Un ataque a tres bandas que tiene como objetivo el arte riguroso (o, hasta cierto punto, "difícil"), el producto de laboratorio que no se molesta en disimular su loable intención de llenar las arcas y servir de posible banda sonora para el perreo de la juventud y por último, aquí ya nos la debemos coger con papel de fumar, las muestras de world music que no se amolden al prisma europeizante. Lo que nos queda es un higiénico y tolerable perfil medio, dentro del cual hay cosas que me pueden interesar mucho, bastante, poco o nada, pero convenientemente señalizado, desprovisto de curiosidad, riesgo o margen de error. Es casi la plasmación en hechos de una hipotética secuela de The Third Reich'n'Roll (1976), aquél magnífico disco de The Residents donde se imaginaba una emisión radiofónica en un mundo donde el bloque fascista hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial. En otras palabras, la idea del arte degenerado nunca ha dejado de existir.
Por supuesto, todo lo anterior puede que solamente sea el delirio de un anormal resentido porque cobrará una miseria, y que el verdadero motivo de todo esto sea que falta espacio en el almacen y hay que arramblar con lo que se vende menos, pero yo sigo teniendo miedo.
En otro orden de cosas, ayer por la noche estas personas humanas dieron un buen concierto de pop supercalifragilistico en la primera velada del Primavera Club:
Cuando llego a una fiesta suelo quedarme en un rincón, alternando miradas a mis zapatos (en plan shoegazer pero sin guitarras, vaya) con furtivas ojeadas a mi alrededor buscando desesperadamente una cara conocida. A veces alguien intenta establecer contacto conmigo, me saluda efusivamente, se presenta y yo le correspondo con una mueca torcida que pretende ser una sonrisa cortés y un farfulleo pronunciado a un volumen inaudible. Si a eso le sigue un intento de conversación amigable es probable que el interlocutor huya despavorido a los pocos minutos, porque a mí no se me habrá ocurrido otra cosa que hablar del cómic que me leí la semana pasada, la serie de televisión que me estoy bajando o el grupo absurdo que me tiene robado el corazón en ese momento.
Todo esto, en resumen, es para decir que no se me da nada bien presentarme, así que casi mejor ni lo intento. Además, mi encantadora co-anfitriona es mucho mejor que yo para estas cosas. Pero, de todas formas, espero que encontréis algo de vuestro agrado en esta exhibición de atrocidades. Dad una vuelta, tomaos una copa. Al menos la música es buena.
G.